29/09/2016

El accidente

EL ACCIDENTE

Inicio del viaje
A las ocho y cinco de la mañana del 12 de octubre de 1972, el Fairchild F-227 n° 571, de la Fuerza Aérea Uruguaya despegó del aeropuerto de Carrasco, Montevideo, con destino a Santiago de Chile, llevando a bordo cuarenta pasajeros y cinco tripulantes.
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Entre los primeros, viajaban los integrantes del equipo de rugby Old Christians, junto a familiares y amigos. Todo hacía pensar que en cuatro horas cubrirían los 1.500 km. existentes entre Montevideo y Santiago, pero mientras sobrevolaban el territorio argentino, la tripulación, integrada por el comandante Julio César Ferradas y el copiloto Dante Héctor Lagurara, fue informada de las malas condiciones climáticas en la Cordillera por lo que consideraron conveniente hacer una escala en el aeropuerto de la ciudad de Mendoza.
No obstante haber volado sobre los Andes en veintinueve oportunidades, Ferradas no dejaba de manifestar su preocupación por la travesía. Pese a que la Cordillera no tiene más de 170 km. de ancho, los picos montañosos tienen una altura media de 4.000 metros y alcanzan su altura máxima en Mendoza con el monte Aconcagua, de 6.959 metros, la cumbre más alta del continente americano. Dado que el Fairchild podía volar como máximo a 7.000 metros, la tripulación debía optar por un paso donde las alturas fueran menores.

El fatídico viernes 13

El día siguiente, viernes 13 de octubre, el cielo se despejó parcialmente y a las 14:18, el avión volvió a despegar al mando del copiloto Lagurara, quien estaba siendo entrenado por Ferradas en el manejo del Fairchild, uno de los aviones adquiridos por la Fuerza Aérea Uruguaya en 1970 y que sólo tenía 972 horas de vuelo.
Lagurara dirigió el avión hacia la localidad de Malargüe, en la vertiente argentina del paso Planchón, volando a una altitud de 18.000 pies (5486 metros) y con un viento de cola variable de 20 a 60 nudos, por encima de densas nubes. A las 15:08 se comunicó con el aeropuerto de Malargüe, dando cuenta de su paso y estimó que alcanzarían Planchón a las 15:21, lugar en donde termina el control de tránsito aéreo de Mendoza y pasa al control del aeropuerto de Pudahuel, en Santiago de Chile. Según los registros, a las 15:21 Lagurara se comunicó con Santiago, para informar que sobrevolaba el paso Planchón y que estimaba alcanzar la pequeña población chilena de Curicó a las 15:32.
La velocidad del viento moderado de cola había recrudecido, por lo que redujeron la velocidad crucero de la nave de 210 a 180 nudos. A las 15:24, tres minutos después de su primera comunicación con Santiago, el Fairchild informó que divisaba Curicó y que se dirigía a Maipú, por lo que giraron el avión en ángulo recto para retomar la ruta norte. Fue aquí en donde a pesar de la diferencia horaria estimada, la torre de Santiago dio por correcta la información provista por Lagurara y lo autorizó a bajar lentamente a los 3.500 metros, para encarar el aeropuerto de Pudahuel.
A las 15:30, el control de Santiago comprobó que el avión ya había descendido 1.000 metros. Durante el descenso, a los 4.600 metros, el Fairchild penetró en una nube y comenzó a sacudirse y caer en pozos de aire, por lo que Ferradas ordenó que los pasajeros se sujetasen los cinturones. En ese momento el aparato entró en una fuerte corriente descendente y bajó violentamente varios cientos de metros.

piloto

El clima festivo y distendido que había reinado entre los pasajeros, se convirtió de golpe en temor y angustia. Se produjo un segundo descenso brusco y quienes miraban por las ventanillas vieron con estupor que habían quedado bajo las nubes y que el avión pasaba a pocos metros de las cumbres de las montañas. Fue ahí que todos escucharon una fuerte aceleración de los motores, en la desesperada acción de los pilotos por volver a ganar altitud. El avión ascendió un poco pero ya era tarde, en instantes se escuchó el estruendo y el golpe estremecedor del ala derecha pegando contra la montaña, la que se desprendió, golpeó contra el fuselaje y partió la cola del Fairchaild. En el choque salieron despedidos el ayudante de vuelo, el navegante y tres jóvenes sujetos a sus asientos y de inmediato a causa de otro golpe, se desprendió el ala izquierda.
Sin las alas, parte del fuselaje y la cola, los restos del avión se deslizaron a gran velocidad por la nieve como por un tobogán, quienes recuerdan el momento, esperaban que el avión se estrellara contra las rocas o que cayese al vacío. Pero la fortuna quiso que el fuselaje se deslizara por un valle y comenzara a frenar por el roce con la abundante capa de nieve. La fuerza de la desaceleración y la precipitada frenada hicieron que los asientos se soltaran y que los pasajeros se aplastaran unos contra otros y derribaran la mampara del compartimiento de equipajes que los separaba de la cabina.

tripu

fuselaje

Pasado el silencio que siguió al impacto y al desplazamiento del fuselaje, comenzaron a escucharse los gritos, quejidos, lamentos, rezos y pedidos de auxilio. Los sobrevivientes comenzaron a liberarse de sus asientos, en el clima de desconcierto y desolación que invadía el lugar, inundados por el penetrante olor del combustible del avión, que hizo que algunos de los pasajeros saltasen hacia el exterior ante el temor de que se produjese un incendio o un estallido. Algunos de inmediato comenzaron a atender a los heridos, a remover los asientos y a retirar a los muertos, mientras que otros permanecían inmóviles por el estado de conmoción que les había hecho perder el conocimiento.