29/09/2016

El rescate

EL RESCATE

Una sucesión de emociones

El miércoles 20 de diciembre los catorce supervivientes que habían quedado en el Fairchild estaban desanimados y preocupados. Al día siguiente se cumplirían diez días sin novedades desde la salida de los expedicionarios Parrado y Canessa, un tiempo que superaba los cálculos más pesimistas. Por otra parte, aún cuando Vizintin había retornado dejando su comida, los encargados de las raciones estimaron que los expedicionarios ya estarían al borde de agotarlas.

Ese mismo día, a pocos kilómetros, Parrado y Canessa habían logrado hacer un primer contacto con la civilización a través del arriero Sergio Catalán (ver: "La expedición salvadora").

El día 21, se produce el segundo contacto y se da la oportunidad de que Parrado redacte la nota con el pedido de auxilio, nota que Catalán llevaría a caballo al destacamento de carabineros más cercano.

Cuando los carabineros informaron la novedad llevada por Catalán al S.A.R. -Servicio Aéreo de Rescate-, la noticia fue tomada con total escepticismo. Todos dudaban de que alguien pudiese sobrevivir a un accidente aéreo en plena Cordillera y aparecer caminando dos meses después. Lo primero que pensaron, es que las personas halladas eran dos andinistas que estaban tratando de localizar al Fairchild. Hacia el anochecer, comenzaron a tener mayor certeza de que podrían ser efectivamente dos supervivientes, por lo que organizaron un gran operativo de rescate para el día siguiente.

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Mientras tanto, el jueves 21 el grupo seguía cumpliendo normalmente con las rutinas que se habían asignado y a las 07:30 am Eduardo Strauch y su primo Daniel Fernández, salieron del fuselaje a escuchar las noticias en la pequeña radio portátil. Se enteraron que el avión C-47 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que por iniciativa de un grupo de padres había estado realizando una nueva búsqueda, estaba retornando a Montevideo sin novedad. Sin duda, a esta altura de los acontecimientos la noticia que esperaban no era ésta, sino saber que había pasado con Parrado y Canessa. Hacia la tarde, Carlos Paéz le dijo a Adolfo Strauch que tenía el presentimiento de que los expedicionarios habían alcanzado su objetivo, pero dado las muchas frustraciones que habían tenido con falsas noticias, prefería no decirle nada al resto. Pronto comenzó a oscurecer y todos esperaron disciplinadamente que Alfredo Delgado y Daniel Fernández terminasen de preparar "el dormitorio". Cuando concluyeron, los jóvenes entraron en fila de a dos para ocupar sus lugares y Paez, como era su costumbre comenzó el rezo del Rosario. Cuando concluyeron con las oraciones, irrumpió Daniel Fernández diciendo: "Caballeros, tengo el vivo presentimiento de que los expedicionarios lo han conseguido y que nos rescatarán mañana o pasado". Por su parte Paez acotó: "Yo también lo tengo, lo sentí esta tarde". En ese momento se hizo un silencio esperanzado y todos se dispusieron a tener una noche más plácida.

La noticia más esperada.

Del fatídico viernes 13 de octubre, al feliz viernes 22 de diciembre.

El viernes 22, Daniel Fernández y Eduardo Strauch se levantaron como de costumbre a las 07:30 am para escuchar las noticias. Al lograr sintonizar una radio uruguaya, escucharon de manera entrecortada que dos hombres que decían provenir del avión Fairchaild habían aparecido en un valle inhóspito en Los Maitenes.

Eduardo comenzó a dar saltos de alegría pero Daniel lo contuvo y le sugirió que no le informase nada al resto, hasta tanto pudiesen confirmar la noticia. La cautela de Daniel respondía a que la última frustración la habían sentido el domingo anterior, cuando él escuchó y comunicó a los demás, que el avión C-47 enviado desde Uruguay para una nueva búsqueda -gracias a la gestión de un grupo de padres-, había divisado la cruz que ellos habían construido con las valijas; pero resultó que se trataba de otra cruz, construida con aparatos de medición, por geofísicos argentinos, para determinar el caudal de agua que recibirían las áridas tierras de Mendoza en el verano.

Daniel y Eduardo mantuvieron su atención en las trasmisiones y fueron dándose cuenta que todas las radios de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, estaban dando la misma noticia, y que los radioaficionados -que tanto ayudaron en la búsqueda-, se entrecruzaban múltiples comentarios sobre la asombrosa noticia.

Fue en ese momento que decidieron liberar toda la felicidad contenida y llamaron a gritos a todos sus compañeros. En segundos, todos se congregaron en torno a la radio y daban saltos de alegría, levantaban los brazos al cielo dando gracias a Dios o se abrazaban unos con otros.

 

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El operativo de rescate que había comenzado a las 06:00 am se ve demorado a causa de la densa neblina existente en los Maitenes. Canessa y Parrado habían terminado de desayunar, cuando escuchan algo así como una multitud que se aproximaba al lugar. Eran periodistas que de distintas partes del mundo, que llegaron a las cercanías en taxis y que luego debieron caminar durante más de una hora hasta dar con el lugar en donde estaban los supervivientes. Canessa y Parrado se prestaron a los reportajes, pero entre ellos habían acordado, evadir de la mejor manera las preguntas referidas a cómo se habían alimentado en la montaña.

A la media mañana llegaron los helicópteros a Los Maitenes y Parrado se ofreció para guiarlos. La búsqueda fue dificultosa y los helicópteros dieron con el Fairchaild y los catorce supervivientes recién a las 13:00 pm. Ellos estaban extremadamente ansiosos, porque escuchaban los motores y veían a los helicópteros aparecer y volar en círculos, pero no entendían por qué razón no se posaban. Sin duda el fuerte viento existente y el proceso de descongelamiento del suelo impedían que los aparatos pudiesen posarse.

Finalmente, en una difícil maniobra, manteniendo una precaria sustentación y sin posarse en el suelo -para evitar avalanchas-, el primero de los helicópteros logró bajar a un andinista y a un asistente sanitario y en esa máquina subieron con la ayuda de Parrado, Daniel Fernández y Alvaro Mangino. El otro helicóptero copió la maniobra del primero y bajó dos andinistas más, logrando rescatar a Eduardo Strauch, Carlos Paez, José Luis Inciarte y a Pedro Algorta.

 

Dadas las condiciones del tiempo y los riesgos que se estaban presentando, el comandante del operativo resolvió que Sabella, Delgado, Francois, Methol, Harley, Zerbino, Vizintin y a Adolfo Strauch, con los tres andinistas y el asistente sanitario, pernoctasen en la montaña para ser rescatados al día siguiente.

Cuando el primer grupo de rescatados llegó a Los Maitenes, todo fue festejo y alegría. Horas después, los supervivientes fueron transportados al Hospital San Juan de Dios, en la localidad de San Fernando.

El segundo grupo, fue rescatado el sábado 23 y se repitieron las escenas de alegría en Los Maitenes. A diferencia del grupo anterior, primeros fueron llevados al Regimiento de Colchagua y desde allí, transportados al Hospital del Servicio Nacional de Salud, a donde enviaron también a Inciarte y a Mangino.

Desde la tarde del 23, los que estaban en mejores condiciones físicas comenzaron a congregarse en el Hotel Sheraton San Cristóbal, salvo Harley, Inciarte, Mangino y Methol, que por prescripción médica debían seguir internados.

El arribo de familiares era incesante y se complementaba con múltiples llamados de salutación de parientes y amigos desde el Uruguay. Daniel Fernández y Roberto Francois, deciden retornar al día siguiente a Montevideo.

 

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El domingo 24 de diciembre, todos pudieron concretar el sueño de celebrar la Navidad fuera de la Cordillera.

Sin duda, una Navidad inolvidable y el inicio de una nueva vida o de una vida, rica en valores.

Eduardo Strauch recuerda siempre este momento:

"Mantengo intacta la emoción que sentí al bajar del helicóptero. La increíble sensación de volver a pisar el pasto verde, de poder liberar la alegría contenida y de estrecharme en un abrazo fraternal con mis compañeros. Recuerdo que cuando me incorporé después de ese abrazo, miré a la gente que se había juntado para vernos llegar y fue en ese el instante, que sentí realmente que la tan ansiada salida de la Cordillera, se había convertido en realidad."

En distintos pasajes del libro VIVEN, Piers Paul Read describe las rutinas del grupo y los estados de ánimo según las horas y las condiciones del clima. En un párrafo relata de que manera la puesta del sol incidía en el ánimo del grupo. Sobre lo que aconteció solo cuatro días antes de la celebración de la Navidad en el Sheraton San Cristóbal, Read, reproduce un testimonio de la conversación mantenida entre los primos Strauch:

"...Hablaban de cualquier cosa, excepto de sus hogares y familias. Pero la tarde del 20 de diciembre, mientras que los dos Strauch y Daniel Fernández esperaban que oscureciera como era habitual, no pudieron evitar el recuerdo de las Navidades anteriores en las que tan felices habían sido. La sangre alemana que corría por sus venas hacía particularmente intolerable a los tres la idea de que estas fiestas pudieran ser lo mismo en su ausencia. Y por primera vez en mucho tiempo, las lágrimas corrieron por las mejillas no sólo de Eduardo y Daniel, sino también de Fito."