29/09/2016

Increible hallazgo

A 32 años del accidente, un montañista mejicano y la cordillera, le devuelven a Eduardo sus pertenencias.

En el mes de febrero de 2005, mientras trabajaba en su estudio de arquitectura, Eduardo Strauch recibió una llamada telefónica que lo emocionó profundamente. Desde la provincia argentina de Mendoza lo llamaba Ricardo Peña, un montañista mejicano residente en los EE.UU., para decirle que a 4.700 metros de altura en los Andes había encontrado su blazer azul, el mismo que el llevaba en el portaequipajes del avión el 13 de octubre de 1972.
Lo más increíble es que en uno de los bolsillos estaban en buen estado de conservación, el pasaporte, la billetera con 13 dólares y 1.000 pesos uruguayos, la credencial de conductor, el armazón de sus anteojos Rayban, un certificado de vacunación y algo que a 32 años del accidente parece una ironía: el ticket para retirar el equipaje en Santiago de Chile.

La noticia del hallazgo recorrió rápidamente el mundo y de inmediato la paz que reinaba en su estudio se transformó, con el llamado incesante de agencias de noticias y de medios que requerían reportajes y precisiones sobre el acontecimiento.
Desde el accidente, nunca habían aparecido pertenencias de ninguno de los supervivientes, pero Ricardo Peña, movilizado desde adolescente por la historia leída en VIVEN y guiado por su actitud de montañista, decidió escalar hasta el punto en donde había chocado el avión y logró hallar los objetos en un lugar de muy difícil acceso.

El hallazgo para Eduardo Strauch, fue un volver a vivir aquel instante en que el avión se partió, antes de que la cabina de deslizara por un valle más de 1.000 metros. Recuerda además que tratando de protegerse del frío del lugar, buscó su blazer para abrigarse y al no encontrarlo, lo primero que lamentó es que la prenda era nueva y la estaba estrenando.
Cuando Eduardo fue informado del hallazgo de sus pertenencias, no lo podía creer. Le parecía increíble que después de tres décadas la montaña y un osado montañista lo pudiesen retrotraer con tanta intensidad al 13 de octubre de 1972.
El hecho lo estimuló mucho más a transmitir su experiencia sobre la odisea de los Andes, por lo que de inmediato incorporó un nuevo e inesperado capítulo en su conferencia EXIT.

Párrafos extraídos del relato del montañista Ricardo Peña sobre el hallazgo:

Ricardo Peña nos cuenta su hallazgo
10-14 Feb 2005 – Ricardo Peña

“Acababa de terminar de guiar a un grupo en el Aconcagua, el pico más alto de América con una altura de 6,959 metros, en los Andes argentinos, pero no tenía la menor idea de que estaba a punto de comenzar una de las aventuras más emocionantes de mi vida.”
“Siempre me he sentido fascinado por la historia del accidente del avión Uruguayo sucedido el 13 de Octubre de 1972.”
“En una expedición previa al Aconcagua, encontré que había una manera de llegar al lugar de los hechos, así que en esta ocasión decidí extender mi viaje unos días e ir a explorar esta área.”
“El 10 de febrero de 2005 (mi cumpleaños) tomé un autobús en Mendoza hacia el El Sosneado, el pueblito argentino más cercano al lugar del accidente. Fue un viaje de seis horas, que me llevó al lugar más al sur en el que me haya encontrado jamás.”
“Ahí conocí a Edgardo Barrios, propietario del hostal y quién ofrece el transporte (vehículos 4×4 y caballos) al sitio. Edgardo me mostró una gran colección de recortes de periódico y fotografías del área del incidente.”

“Con Edgardo discutimos el plan para los días siguientes. Le dije que quería explorar la ruta que tomaron los sobrevivientes para encontrar la salida, el también mencionó la posibilidad de escalar al lugar dónde chocó el avión. Decidimos que Mario Pérez, uno de sus guías, escalaría conmigo tan lejos como pudiéramos, así mismo hablamos de la posibilidad de que yo pudiera seguir más lejos si el tiempo lo permitía.” “Mario y yo salimos muy temprano en la mañana y viajamos muy rápido a caballo, lo cual fue muy cansador para mi, sin experiencia en cabalgatas. Finalmente, después de un viaje de dos horas y media llegamos al valle. Aquí estaba!…el lugar que muchas veces he imaginado durante tantos años. No obstante lo que dice el libro VIVEN, es realmente un lugar muy desolado y bastante lejos de cualquier pueblo. Es un valle enorme rodeado en tres lados por grandes paredes y picos, mayores de 4,000 metros, solamente el lado por el que entramos está de alguna manera abierto, pero de allí arriba no es obvio que podría ser una buena ruta de escape, de hecho sin caballos y con nieve no es necesariamente el mejor camino para salir, dado que está muy lejos de todo.” “Ahí encontramos el monumento conmemorativo, que consiste en partes de avión apiladas y una cruz. En una de las partes todavía se puede leer FUE de “Fuerza Aérea Uruguaya”, el avión rentado para el viaje.” “Junto a este monumento se encuentra la tumba dónde permanecen los restos de los pasajeros que murieron durante y después del accidente, este sitio está marcado por otra cruz.”

“Específicamente subimos para encontrar el lugar dónde había chocado el avión. Sabíamos que se han tomado fotografías de una hélice que se encuentra en la parte más alta del pico y, también, que podrían haber partes del avión así como nuevas evidencias. El terreno se volvía más empinado cada vez. Hice unos escalones en la nieve, ya que Mario no contaba con piolet. Cerca de una hora más tarde, llegamos a un área más plana en dónde se encontraban expuestas unas rocas. Yo sabía que cualquier área plana sería un depósito natural para cualquier resto.”
“Las avalanchas bajan anualmente, nieve, rocas y escombros, que naturalmente se depositarían en lugares como ese, por lo que comencé a buscar y ciertamente encontré partes de metal ligero obviamente pertenecientes al avión. Fue muy emocionante darnos cuenta de que estábamos en el camino correcto.”
“A este punto llegamos a una “Y” dónde el canal principal continuaba hacia arriba y hacia la izquierda, a la derecha había otro canal, más empinado, y más angosto, aquí descubrimos otra parte del avión.
Lo que verdaderamente me llamó la atención fue que esta pieza la encontré en un lugar que sugería que esta provenía del canal empinado de la derecha, no del canal principal donde todos creen que fue por donde se deslizo el fuselaje. Esto me pareció muy extraño por dos razones: primero, porque uno pensaría que con el tiempo transcurrido todo se habría investigado muy bien y segundo, que el canal de la derecha es mas empinado y angosto; difícil de imaginarse que el avión bajo por ahí. A pesar de esto sugerí explorar el canal de la derecha pues empecé a preguntarme si la teoría actual del choque era correcta. Continuamos nuestro ascenso. El ascenso se volvió más tedioso cuando se terminó la nieve, desde ese momento estábamos intentando ascender una ladera de rocas flojas e inestables cercana a los 45 grados de inclinación. Cada paso hacía que cayeran rocas.”
“Mientras parecía que habíamos alcanzado la cima del collado sin encontrar nada más…de pronto llegamos a un punto en dónde encontramos muchas partes de metal dispersas por todos lados. Encontramos algo que parecía un tanque de oxigeno o tal vez un viejo extinguidor del avión. También encontramos un cable y Mario me enseñó algo que tenía en sus manos… ¡un rollo de fotos usado! ¡Todo esto se volvió increíble!”
“Estábamos obviamente en el lugar dónde, después de que el avión pegó en la montaña y se rompió, el fuselaje hizo contacto con la ladera y comenzó a deslizarse.

¡Había muchos restos en un área de tan solo 20 por 20 metros! Mientras buscábamos sin poderlo creer encontramos parte de una cámara, el marco de unos lentes de sol, una correa de reloj plateada y muchas partes de avión. Mientras examinábamos todo esto, volteamos alrededor y fijamos la mirada en un objeto color azul y Mario me dijo: ¿Estás viendo lo que yo estoy viendo? ¡Nos quedamos sin habla! Un pedazo de tela azul estaba saliendo de las rocas. Fue una sensación muy extraña. Los pensamientos pasaron rápidamente en mi mente y no pude evitar preguntarme si esos eran restos humanos. En ese momento le dije a Mario: “Hay que tomar fotos de todo esto antes de tocarlo, ¡esto es evidencia histórica!” Mientras continué subiendo encontré una prenda blanca. Cuándo movimos las rocas vimos que eran un par de pantalones de pana beige con un cinturón de piel puesto todavía en el pantalón. También encontramos una camisa y un sweater blanco. Después llegue al pedazo de tela azul y después de tomarle fotos, empecé a desenterrarlo. No encontré huesos o restos humanos pero mientras lo abría me di cuenta que era un saco y sentí que había algo en su interior.

¡Totalmente sorprendido encontré que la bolsa interior tenía una cartera y documentos!.
Mario tomó la cámara y comenzó a tomar fotos mientras lenta y cuidadosamente saqué la cartera. La parte de adentro estaba húmeda, abrí la cartera pensando que tal vez estaba soñando, vi la fotografía y claramente decía “Eduardo José Strauch Urioste”. La fotografía de la identificación todavía es reconocible. La identificación fue expedida en 1968. ¡Encontré dinero adentro de la cartera! $1,000 pesos uruguayos y 13 dólares. ¡13!. ¡Que bueno que no soy supersticioso o le hubiera echado la culpa del accidente a la cantidad de dólares que Eduardo traía en su cartera!. Los dólares eran de 1965 y 1969.
Así mismo encontré un recibo para reclamar equipaje y recibo de un abrigo que él había comprado en Montevideo y lo había regresado. Decía, “vale por un buzo…” , lo más impresionante fue la fecha que tenía 7 de Octubre de 1972, ¡solo unos días antes del accidente!
Esto confirmaba sin lugar a duda, que todos estos fueron en efecto restos del accidente y de que muy posiblemente nadie había puesto un pie en el lugar dónde estábamos. Fue una sensación increíble. Hoy en día cosas así no suelen suceder. Ciertamente nunca había vivido algo similar antes. Este es el tipo de cosas con las que hubiera soñado de niño… descubrir restos históricos de una de las historias de supervivencia más famosas de todos los tiempos en un pico de los Andes no explorado. Convertirme en parte de una historia que me ha inspirado toda mi vida.

“¡De esto se hacen los sueños!”
Al día siguiente, después de horas a caballo, manejar con camionetas 4×4 y rafting (lo que hicimos por diversión) llegamos a casa de Edgardo Barrios en San Rafael; en dónde le enseñamos nuestro descubrimiento. Dijo: “Es como haber encontrado otra parte del Titanic”.
A la mañana siguiente llamamos a Eduardo Strauch en Uruguay. Edgardo le dijo: “Tengo un poco de tu plata aquí”… y continuamos describiéndole los hechos. Hablé con Eduardo, quién fue muy amable conmigo y me dijo que nos pondríamos en contacto para compartir fotografías y conocernos en persona algún día. ¡Todavía recuerdo sus palabras, “No puedo creerlo, se me pone la piel de gallina, tan solo de pensarlo… después de 32 años!?

Si le interesa leer el texto completo de Ricardo Peña o ver más fotografías visite: http://www.alpineexpeditions.net