29/09/2016

La expedición salvadora

LA EXPEDICIÓN SALVADORA

La salida se convierte en realidad
La búsqueda de una salida era un objetivo común, pero se manifestaba de manera diferente. Unos se sintieron motivados a partir del 23 de octubre, cuando se enteraron de que se había suspendido la búsqueda del Fairchaild. Otros, comenzaron a sentir ansias por salir al salvar sus vidas durante el alud.
Sin embargo, el solo deseo de continuar con vida no hubiese sido posible de no haber contado con cierta organización y disciplina, así como de compañeros en buenas condiciones físicas para caminar y vencer a las altas montañas.

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Con el correr de los días y tras sucesivas salidas para el reconocimiento del lugar o para llegar a la cola del avión, había surgido una nueva casta, la de los "expedicionarios", un nuevo grupo de poder integrado por los que estaban en mejores condiciones físicas y se sentían con el coraje y la capacidad suficientes como para vencer las dificultades y salir de la Cordillera.

Finalmente Parrado y Canessa, fueron los elegidos para la difícil misión, que superó con creces el tiempo calculado. Caminaron durante nueve días agotadores llegando al límite de sus posibilidades físicas, hasta que por fin, comenzaron a ver que la nieve era menos densa y que se veían vestigios de vegetación. La alegría los invadió y los alentó a un último esfuerzo. Así fue que llegaron a un valle y a un río que lo atravesaba. Del otro lado y a lo lejos, vieron a tres hombres a caballo y comenzaron a pedirles auxilio de manera desesperada. Uno de ellos se aproximó y les grito, pero el ruido del río correntoso sólo les permitió escuchar la palabra "mañana". No era poco, esa palabra dicha por alguien que venía del mundo exterior, cobraba un significado muy especial, era ni más ni menos que el primer signo de salvación. Todo indicaba que sólo tendrían que esperar un día más.

A la mañana siguiente, el arriero volvió acompañado de dos campesinos. Se acercó a la orilla del río, tomó un papel escribió en el: "He enviado un hombre que llegará ahí dentro de un rato", lo ató envolvió en una piedra y se lo arrojó a Parrado. Este tomó el papel y buscó entre sus ropas algo para escribir, pero sólo tenía un lápiz labial que usaba como protector. Le hizo gestos al arriero, quien rápidamente interpretó su pedido, tomó otra piedra, ató un bolígrafo con un pañuelo y se la volvió a arrojar. Parrado escribió la nota, a la que le agregó "SOS" con el lápiz labial y se la arrojó al arriero.

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Catalán leyó el mensaje, dio a entender que lo había entendido y de inmediato les arrojó un pan.
Pasadas unas tres horas, por el lado de la costa en la que estaban Parrado y Canessa, se aproximó a ellos Armando Serda, el hombre enviado por el arriero, quien les confirmó que Catalán había ido a avisar a los carabineros. Mientras tanto, los condujo a la precaria casa de los peones del campo, en donde les dieron abundantes alimentos y le facilitaron dos camas en la casa del dueño del campo. Cuando se levantaron de la reparadora siesta, llegó un grupo de carabineros quienes les dijeron que a la mañana siguiente llegarían helicópteros. Todo esto acontecía el 21 de diciembre en Los Maitenes.
El día siguiente amaneció con mucha neblina, lo que demoró la intervención de los helicópteros.

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Canessa y Parrado desayunaban, aunque preocupados por el rescate de sus compañeros. Sabían que cada hora que pasaba y que ellos podían disfrutar, era una eternidad para los que esperaban en la montaña. Durante la espera comenzaron a sentir extraños gritos y gente que se aproximaba. No podían suponer que pasaba realmente, cerca de cincuenta personas se aproximaba al lugar, algo que para la soledad de ese paisaje era ni más ni menos que una multitud. Eran periodistas que habían llegado en taxis hasta el lugar más próximo y luego caminado casi dos horas cargando sus equipos. Se aproximaban preguntando:
"¿Los Maitenes?¿Y los supervivientes? ¿Dónde están los supervivientes?. Diario El Mercurio -dijo uno-, BBC de Londres -gritó otro-." Recién en este instante Parrado y Canessa fueron concientes de la importancia del acontecimiento. El aislamiento, tanto a ellos como al grupo, les había impedido considerar la repercusión que podría tener para el mundo entero salir con vida de la Cordillera. Es más, soían pensar con absoluta ingenuidad, cómo harían - en el caso de que pudiesen salvarse- para decirle a sus padres o hermanos que estaban vivos.