29/09/2016

La vuelta a Uruguay

LA VUELTA A URUGUAY

La otra sociedad

Volver al Uruguay traía aparejado no sólo la alegría del reencuentro, sino también, tener que explicarle a la sociedad, y en especial a los padres y familiares de los compañeros muertos, lo sucedido. La nueva sociedad creada en la Cordillera debía convivir ahora con "la otra", la que habían conocido hasta setenta y dos días atrás.

Cuando se supo la noticia de que había supervivientes del Fairchild, se reanimaron las esperanzas de todos los familiares y amigos; hasta los que habían sido más escépticos quedaron perplejos. Al difundirse la lista de los supervivientes, a unos los invadió la alegría y a otros, un profundo dolor. Esta divisoria de corrientes del sentimiento abrió una brecha que se profundizó cuando los supervivientes confirmaron que se habían alimentado con los cuerpos de los muertos, tema que fue planteado en su real dimensión a la vuelta del grupo a Montevideo.

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Los padres y familiares que, sostenidos por la fe, la intuición o una esperanza inquebrantable, nunca se dieron por vencidos y continuaron con la búsqueda, aún cuando ya parecía absurda, tuvieron su compensación. Incluso aquellos que no encontraron a sus hijos en la lista de supervivientes tuvieron el consuelo de haber hecho todo lo que estaba a su alcance.

Pasada la Navidad en Chile, la mayoría de los supervivientes había mejorado notablemente su condición física, por lo que coincidieron con sus familiares en que ya era tiempo de volver a Montevideo y de evitar que siguiesen propagándose noticias sacadas de contexto, como había sucedido con el más conocido diario de Santiago.

El 28 de diciembre (irónicamente, día de los Santos Inocentes para el santoral católico), el grupo viajó a Montevideo sin Harley, que necesitaba unos días más de rehabilitación, y sin Parrado y Algorta que se quedaron en Santiago de Chile en casa de amigos. Cuando el avión tocó pista, espontaneamente todos los pasajeros comenzaron a cantar el himno nacional uruguayo y, al ver la enorme cantidad de público que había ido a recibirlos al aeropuerto de Carrasco, tuvieron una nueva prueba de lo que había significado para su país la hazaña lograda.

 

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Para evitar que fuesen acosados por la prensa en el mismo aeropuerto, se resolvió que una vez que hubiesen saludado a sus familiares y amigos íntimos, se trasladaran al Colegio Stella Maris ("el Christian"), para ofrecer una conferencia de prensa. Cuando faltaban pocos minutos para las 09:00 de la noche, todos subieron a un gran escenario armado en el gimnasio del Colegio y fueron recibidos con sostenidos aplausos y vitoreados por todos los presentes.

Comenzada la conferencia, en el lugar se generó un silencio expectante y el público siguió con muchísima atención el relato que fueron haciendo uno a uno los supervivientes. Cada uno reflejó distintos momentos de la experiencia vivida y del largo camino que siguieron para encontrar una salida. Sin duda, tanto para la prensa como para el auditorio y el país todo, la expectativa estaba centraba en conocer finalmente, cómo se habían alimentado durante tanto tiempo. Hasta el momento, además del diario chileno, algunos medios sensacionalistas de distintos países habían hecho foco en la antropofagia y la trascendencia de esas noticias había causado un fuerte impacto en la sociedad uruguaya, y en especial, la más allegada a los jóvenes.

Por una parte, estaban los que se solidarizaban con la decisión que habían tomado para subsistir, y por otro, los que tuvieron una actitud crítica o de censura. No faltaron casos de familias -en particular de Montevideo-, en las que el tema de la antropofagia pasó a ser un tema tabú, al punto que mucha gente lo eludía o lo disimulaba, como si de esa manera el hecho dejase de existir. Sin duda, cuando un tema tan importante se saca de contexto, nuestra cultura puede considerarlo un hecho moralmente reprobable, pero en realidad, nadie puede interpretarlo ni juzgarlo sin considerar la situación límite en la que se planteé.

La educación religiosa recibida en el colegio Stella Maris les permitió a los jóvenes trazar un paralelo entre el sentido de la Comunión y la decisión que naturalmente sintieron que debían tomar.

La explicación de los aspectos que tomaron en cuenta para la decisión quedó para el final, y fue Alfredo Delgado quien asumió la representación del grupo. Sin duda, a todos les había resultado muy importante el contacto mantenido en Chile con el Padre Andrés, quien les devolvió la tranquilidad de conciencia al explicarles que la antropofagia in extremis no es reprobada por la Iglesia, dándoles así la confirmación de que no había pecado alguno, ni religioso ni moral.

Palabras de Alfredo Delgado:

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"Uno se levanta de mañana y mira para los costados esos picos nevados, impresionantes. El silencio de la cordillera es majestuoso, sensacional. Es una cosa que aterra que solo frente al mundo... y les puedo asegurar que Dios está ahí. Todos lo experimentamos dentro nuestro. Porque nosotros no éramos unos muchachos de una fe de comer rosarios y cosas por el estilo, en cuanto a la parte ritual, pero teníamos nuestra base religiosa.

Pero ahí uno sí lo siente a Dios. Y siente sobre todo lo que se llama la mano de Dios, y la interpreta... Nosotros llegó el momento en el cual todas las provisiones y las cosas que teníamos a mano después que nos habíamos recuperado anímicamente para salir en la expedición, y todo ese tipo de cosas se habían terminado. A los dieciseis días viene el alud y nos mata a nuestros mejores compañeros. Los compañeros que han muerto, todos, todos yo creo... perdón, creemos nosotros, que Dios los llevo porque eran los mejores. Porque cada uno en su momento cuando murió nos dejo a todos una enseñanza. Un ejemplo de valor... De todo lo que se puede decir. Yo creo que decirlo con palabras es achicar la dimensión de todo aquello y nosotros lo llevamos cada uno dentro de nuestros corazones y mencionar nombres o hechos concretos de valor, de entereza, sería achicar todo eso.

Así que prefiero no mencionarlos, pero quiero dejarlo claro. Llegó ese momento en el cual no teníamos ni alimentos ni cosas por el estilo y nosotros pensamos: si Dios en la última cena repartió su cuerpo y sangre a todos sus apóstoles, ahí nos estaba dando a entender que nosotros debíamos hacer lo mismo. Tomamos su cuerpo y sangre, que se había encarnado. Y eso que fue una comunión íntima entre nosotros, fue lo que nos ayudó a subsistir... Y fue una entrega de cada uno... Nosotros no queremos que esto que para nosotros es una cosa íntima sea manoseada, ni tocada, o cosa por el estilo. Por eso es que en países extranjeros tratamos de hablar de esto con la mayor altura posible...

A ustedes, que son nuestro propio país, se lo decimos como debe ser. Pero debe ser interpretado y tomado en su real dimensión, y tienen que pensar en todo lo grande que fueron aquellos muchachos..."

Las palabras de Alfredo Delgado conmovieron a la audiencia a un punto tal que, cuando preguntaron si alguien deseaba hacer alguna pregunta, fue el propio público y los representantes de la prensa quienes dieron por terminada la conferencia con efusivos aplausos y una cerrada ovación.

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Testimonios llenos de humanidad y grandeza

Diario EL PAIS de Montevideo,

29 de diciembre de 1972

Emotiva Declaración del Dr. Valetta,

Padre de uno de Jóvenes Muertos

Varios familiares de los jóvenes fallecidos en los Andes, concurrieron a la conferencia de prensa ofrecida en el "Stella Maris". Compartimos todo lo que ellos hicieron, dijo el Dr. Helios Valetta, padre de uno de los muertos, refiriéndose a las palabras pronunciadas por Delgado. "Nos alegramos de que los 45 estuvieran allí, pues eso permitió que por lo menos 16 regresaran", dijo. "Todos los padres que están en mi misma situación, compartimos y comprendemos a estos muchachos".

Así con esa resignación también heroica, con ese gesto profundamente humano, el padre de uno de los jóvenes fallecidos en la tragedia aprobaba "todas y absolutamente todas las acciones" de los 16 que habían logrado derrotar a la muerte.

Poco tiempo antes, Delgado había señalado los más dramáticos momentos que debieron enfrentar los accidentados para poder sobrevivir. Frente a ellos, sentado con sus hijas y su señora esposa, se encontraba este ser humano que con su presencia estaba dando su aprobación (quizá la única que realmente importaba) a todo lo que habían hecho los valerosos jóvenes rescatados.

"SIRVIÓ PARA QUE AL MENOS VOLVIERAN 16"

"Vine con mi familia porque queríamos ver a los que fueron amigos de mi hijo, porque nos alegramos sinceramente de poder tenerlos nuevamente entre nosotros. Y es más, nos alegramos que los 45 estuvieran allí, pues ello sirvió para que por lo menos 16 volvieran".

"Quiero decirle además, -agregó el Dr. Valetta-, que lo que hoy se ha confirmado, lo supe desde un primer momento. Como médico comprendí inmediatamente que más de dos meses no se puede sobrevivir en aquel medio, con aquellas carencias, si no se recurre a valerosas resoluciones. Hoy que tengo la certeza de que así ocurrió, repito, gracias a Dios de que los 45 estuvieran allí , hay de esta forma, 16 hogares que han recuperado a sus hijos".

Más adelante, reafirmando sílaba a sílaba sus pensamientos, como buscando eliminar todo tipo de duda sobre la sinceridad de sus palabras, agregó: "No puedo hacerme portavoz de todos los demás padres que se encuentran en la misma situación que la mía, pero sí positivamente que todos piensan igual, todos estamos completamente de acuerdo con lo que hicieron los muchachos, el valor que demostraron venciendo a la muerte.

El valor y la hidalguía de todos ellos, fundamentalmente el de Delgado, que enfrentaron esa conferencia de prensa para contarlo todo, absolutamente todo, realmente me emocionó. La hermosa frase que ese chico empleó para decirlo, fue el mejor homenaje.

Refiriéndose a la muerte de su hijo, el Dr. Valetta dijo: "desde un primer momento tanto yo como mis hijas y mi señora, tuvimos resignación. Inexplicablemente tenía una especie de certidumbre de que mi hijo había muerto en el accidente. Ahora que sus compañeros me contaron cómo ocurrió, lo confirmo. Es mejor así, por lo menos sé que no estuvo sufriendo una larga agonía.

Por último, tuvo palabras de reproche para cierta prensa, "que atacó a estos jóvenes con palabras bajas y velados reproches . Hoy, públicamente, desafié al representante de uno de esos órganos a que pasara una similar experiencia. Creo que la actitud más correcta, la única que por otra parte cabe, es que la prensa toda, tenga una actitud de misericordia para estos jóvenes. Nosotros nada les reprochamos".

Diario LA MAÑANA de Montevideo,

2 de enero de 1973

Emotivo tributo de un padre

a los héroes de los Andes

La carta es -por su contenido espiritual, y por todo lo que encierra de profesión de fe- una prueba evidente de que la vigencia de los valores humanos es algo que nada ni nadie podrá jamás abatir.

Quienes la suscriben son Arturo Nogueira y su familia, cuyo hijo -de nombre también Arturo- fue uno de los jóvenes estudiantes que quedó para siempre entre las nieves de la Cordillera de los Andes, luego de la horrenda tragedia del "Fairchild" de nuestra Fuerza Aérea.

Con una grandeza espiritual que escapa a toda valoración, esas personas -sobreponiéndose a la pérdida de un ser querido- manifiestan públicamente su admiración a los dieciseis jóvenes héroes que sobrevivieran al desastre , y toda esa misiva es -como ya dijimos- un maravilloso mensaje de fe en la condición humana.

Brindamos su contenido textual, para que el lector pueda deucir por sí mismo, lo que a nosotros se nos aparece como algo imponderable.

Dice así:

Sr. Director de LA MAÑANA

Presente

De nuestra mayor consideración:

Ruego a Ud. se sirva publicar en el Diario de su dirección, lo siguiente:

Estas breves líneas, surgidas por un imperativo ineludible de nuestros corazones, desean rendir, públicamente, nuestro homenaje de admiración y reconocimiento a los 16 jóvenes héroes sobrevivientes de la tragedia de Los Andes.

Admiración, porque tal es nuestro sentimiento ante las innumerables pruebas de solidaridad, fe, valor y serenidad que afrontaron y vencieron.

Reconocimiento profundo y eterno, por los cuidados que en todo momento dispensaron a nuestro querido hijo y hermano Arturo, hasta su fallecimiento muchos días después del accidente.

Invitamos a todos los ciudadanos de nuestra Patria a unos minutos de meditación, sobre la inmensa lección de solidaridad, coraje y disciplina que nos han dejado estos chicos, y que ella nos sirva a todos, para aprender a dejar de lado nuestros mezquinos egoísmos, desmedidas ambiciones y desinterés por nuestros hermanos.

Un agradecimiento final al Stella Maris College, cuyos Hermanos y Docentes han formado tantas generaciones de estudiantes, deportistas y fundamentalmente HOMBRES para nuestra Patria.

Saludamos al Sr. Director con atenta consideración y le agradecemos la publicación de la presente. ARTURO NOGUEIRA Y FLIA.

"Las declaraciones del Dr. Valetta y la carta de Nogueira me conmovieron profundamente y me trasmitieron mucha paz.

La vuelta al Uruguay no fue fácil, y aunque parezca una locura, a medida que pasaban los días, por momentos añoraba el silencio y el ambiente impoluto de la Cordillera, -se que me había permitido meditar por primera vez en mi vida.

A pesar de las múltiples muestras de afecto de mis familiares y amigos, sentía que ninguno de ellos llegaba comprender plenamente la experiencia que había vivido, pero al tiempo logré ponerme en su lugar y comprendí que a mí me habría sucedido lo mismo.

Afortunadamente, después de treinta años, otro gesto de humanidad y grandeza, me permitió llenar el vacío que me dejó la pérdida de un gran amigo y cerrar un capítulo de la odisea de los Andes que había quedado inconcluso."

Eduardo Strauch

La nueva sociedad y "la otra" sociedad."

La readaptación a la sociedad ("la otra"), no fue una tarea fácil. En la Cordillera, por imperio de la necesidad, el grupo había necesitado afianzar valores adquiridos en la familia o en el colegio, e incorporar otros acordes a las circunstancias extremas de la supervivencia. La nueva sociedad que se había formado en la montaña generó un nuevo código de convivencia, basado en lo que podía y debía dar cada uno para el sostenimiento del grupo y para encontrar una salida.

El respeto, la organización, la división del trabajo por actitudes o habilidades, el trabajo en equipo, la solidaridad, la fe, la disciplina y el afecto, fueron el verdadero sostén de los supervivientes. Valores todos que fueron surgiendo naturalmente con el correr de los días, porque cuando embarcaron en Montevideo el 13 de octubre, ninguno llevaba manuales de administración de empresas o de organización bajo el brazo.

Si en esta historia hubo un milagro, "se fue el de la revelación que tuvo cada uno al descubrir lo que era capaz de hacer y la resistencia para defender el bien más preciado: la vida."

Volver a Uruguay significó el desafío de poder compatibilizar esas dos sociedades: la nueva y la otra.

Para los que volvieron de la Cordillera, el tiempo transcurrido entre octubre y diciembre de 1972 parecía un siglo, pero para los familiares y amigos, sólo habían pasado más de dos meses. Sin duda, dos dimensiones distintas, tan distintas como los valores predominantes y necesarios para vivir en una y otra sociedad.